Aprendido en las Trincheras

En la vida no hay nada más impactante para el desarrollo personal que el tener experiencias variadas. Mientras tomamos el tiempo para aprender sobre estas experiencias somos capaces de compilar nuevos conocimientos que nos permiten estar más preparados para cuando aparezcan situaciones similares. Por lo tanto la única manera de crecer y desarrollarse es a través de las EXPERIENCIAS.

Años atrás llegue a la conclusión de que una empresa se comporta como un ser humano, es una entidad viviente, y por lo tanto como cualquier otro ser humano para crecer y desarrollarse debe también aprender de la experiencia. Las empresas están conducidas por la cultura que influencia cada decisión que cada uno de los individuos que conforma la empresa toma.  Por lo tanto si la cultura de la empresa no es conductiva a permitir el cambio, aprender de él y habilitar a la personas a tomar riesgos, la empresa no se desarrolla y crece de una manera natural, si crece y se desarrolla, pero de manera artificial, forzando a que las cosas ocurran.

Como coach y consultor de alto rendimiento he tenido la oportunidad de trabajar en diferentes industrias y países en USA, Europa, Centro y Sud América, África y Asia, donde he descubierto que no importa el país, las empresas confrontan retos internos muy similares creados por:

  • Estilo de liderazgo.
  • Nivel de alineamiento organizacional.
  • Habilidad en la gestión del cambio.
  • Balance entre Procesos, Sistemas y Personas.
  • Efectividad del Sistema de Desarrollo Organizacional.

Los puntos descritos han sido definidos en base a la experiencia ganada trabajando de 4 a 12 meses en los diferentes niveles de liderazgo con el propósito de incrementar el rendimiento con la gestión del cambio, desarrollo de las habilidades de liderazgo y creando alineación organizacional. Estas son tres de las lecciones más importantes, descubiertas en las trincheras, que pueden apoyar la mejora del rendimiento de cualquier empresa:

  1. Eliminar la brecha entre niveles de liderazgo – Una de las primeras cosas que se puede observar en una empresa que tiene dificultades con el rendimiento es, la brecha que pueda haber entre un nivel de liderazgo y otro a lo largo de la estructura organizacional. Esta brecha crea una “zona muerta” donde hay una carencia de comunicación y transparencia que con el tiempo acaba formando unidades de negocios independientes y alienadas dentro de la misma empresa. Nuestra meta debe de ser el localizar estas brechas y evaluar los factores que las crean, normalmente las causas son, el estilo de liderazgo y el nivel de comunicación; una vez hecha la evaluación, desarrollar un plan de acción para eliminarlas.
  1. Evaluar el balance entre Procesos, Sistemas y Personas – El núcleo del rendimiento operacional proviene del balance entre los Procesos, los Sistemas y las Personas que conducen la empresa. Cuando hablamos sobre Procesos la clave se encuentra en evaluar que tan bien definidos están los pasos para realizar cada actividad de trabajo. Trabajamos y entrenamos a personas a través de los Procesos, por lo tanto si estos no están actualizados puede ser que estemos realizando el trabajo y la capacitación de manera equivocada.  Un Sistema de Gestión nos permite el tomar decisiones de negocio adecuadas siempre y cuando tengamos la información correcta fluyendo por el sistema. ¿Los líderes utilizan el sistema para la toma de decisiones? , o, ¿lideres toman decisiones solamente a través de su experiencia? Revisa primero si el sistema tiene todas las herramientas para proveer la información correcta y segundo revisa si la información entrada en el sistema es la correcta. Finalmente esta el factor de Personas, donde se debe evaluar si las personas que conforman la organización tienen las habilidades necesarias para realizar el trabajo a un buen nivel. Sin el nivel adecuado no importara que tan buenos sean los procesos y sistemas, se hará más dificultoso el alcanzar los resultados. Evaluar y balancear estos factores toma tiempo y un gran esfuerzo pero, créeme, los resultados valdrán la pena.
  1. Desarrollar una estructura para la gestión del cambio – Una de las características del cambio es que es constante. Las empresas tienen que adaptarse a los pedidos continuos de sus clientes y otros factores externos. Para ser exitoso con estas exigencias la organización debe de adaptarse a una nueva manera de hacer negocios, internamente y externamente. Muchas empresas tan solo empujan cambios a través de todos los niveles de la organización sin que haya una estructura que apoye la gestión de estos cambios. El resultado de no tener una estructura para la gestión del cambio es que algunas iniciativas toman demasiado tiempo en cuanto a la implementación, no son tan efectivas y eventualmente deja una cultura de cambio por conformidad en vez de una cultura que cambia por alineación. Nuestra meta debería de ser el desarrollar una estructura de gestión del cambio que gestiona nuevas iniciativas a través de un ciclo cerrado desde el punto de comunicación, plan, implementación y seguimiento.

Las lecciones presentadas parecen ser de sentido común pero mientras las organizaciones se enfoquen más en los resultados que en el proceso para hacer que estos resultados se materialicen se olvidan de los puntos esenciales de tener  unas estructuras organizacionales y operacionales balanceadas que traerán los resultados programados en el tiempo esperado y sin tener que empujar tanto. Los tiempos están cambiando y la manera de gestionar la empresa debe de cambiar también. Es tiempo para que los lideres tomen un paso hacia atrás y reflexionen sobre las lecciones aprendidas en las trincheras para así incrementar el rendimiento al gestionar el cambio, desarrollar habilidades de liderazgo y creando alineamiento organizacional.

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